miércoles, 23 de marzo de 2011

Erving Goffman

La aportación más valiosa de Goffman es seguramente la redefinición más pulida si se quiere, del self que autores anteriores como Mead, Cooley o Blumer, sólo habían conseguido vislumbrar. Estos autores habían definido el self (generalizando y trivializando yo) como un proceso mediante el cual el ser humano es capaz de imaginarse o verse como él piensa que le ven los demás, y además es capaz de modificar sus acciones en base a esa idea, se comportará para con los demás y para con los objetos de la manera que estime oportuna según le convenga en cada momento, dependiendo del tipo de acciones que perciba de los demás. Básicamente es la capacidad de ponerse en el lugar de los demás y de reflexionar sobre sí mismo del mismo modo que lo hacen los demás (sobre él). Esta es una herramienta muy importante en la vida social de las personas, pues nos dota de empatía y capacidad de comprensión.


Goffman se ve influenciado por la teoría del self de Mead, piensa que las personas nos vemos obligadas por la presión social a actuar delante de los demás, reprimiendo nuestros impulsos, los que vendrían de la mano del yo, y en consecuencia intentamos actuar tal y como se espera según la convención social, es decir, según nos dicta el .
Debido a esta actuación, Goffman toma un término del mundo del teatro para denominar este esfuerzo que hacemos por controlar nuestros impulsos y comportarnos según se espera, la dramaturgia.
El self no es ni mucho menos connatural al ser humano, no es innato, ni se halla ubicable en ninguna zona del cuerpo en concreto, simplemente es un constructo social que adquirimos las personas por medio de la interacción social. Al ser el self producto de la interacción social, está sometido a la posibilidad de ser destruido por la misma, de modo que cuando alguien interactúa con otras personas, presentando así su self, siempre tenderá a mantener las apariencias de cómo él cree que los demás esperan percibirle, y puede ocurrir además que los otros que interactúan con el actor principal, pongan trabas a su comportamiento, de modo que el actor se ve obligado a recurrir a lo que Goffman denomina el arte de manejar las impresiones, en otras palabras, intentar solventar los posibles imprevistos que se le presenten para, digámoslo así, no quedar mal ante el resto, no destruir su self en última instancia.
Existen dos componentes de la interacción que Goffman también refiere con conceptos teatrales, la fachada, dentro de la que están el medio y la fachada personal. El medio es el escenario físico, el entorno en el que los actores se desenvuelven, y la fachada personal son las características propias que se espera que tengan los actores, según su rol, estatus, etc. A su vez, la fachada personal se subdivide en apariencia y modales, la apariencia tal como su nombre indica son aquellos estímulos que nos informan sobre el estatus del actor, mientras que los modales son las acciones del actor que nos informan sobre su self, sobre su rol.
Las fachadas tienden a naturalizarse, a integrarse como natural en la estructura social, por tanto más que una creación de la persona, es una elección de entre un número de posibilidades dadas. Esta es una visión más estructuralista, aunque Goffman no se despegó del interaccionismo, de hecho, tiene una visión curiosa sobre cómo las personas interactúan (visión con la que estoy completamente de acuerdo), según él, todos mentimos, ya sea con palabras o con actos, todos ocultamos acontecimientos de nuestra vida, todos omitimos ciertas cosas. Esta idea casa muy bien con lo anteriormente dicho sobre la actuación teatral que llevamos a cabo en las interacciones de nuestro día a día; si pretendemos dar una imagen buena o idealizada de nosotros mismos para ser aceptados o admirados por los demás, obviamente no vamos a contar aspectos de nuestra vida que denigrasen de modo alguno dicha imagen, es decir, el self.
No olvidemos que como decía Blumer, la realidad y los significados los construimos en base a cómo vemos que los demás se comportan para con los otros, y los objetos, por tanto la imagen que se vaya a construir de nosotros mismos, no iba a ser menos, ergo hay que actuar según queramos que ésta sea, o dicho de otra forma, según queramos que nuestros semejantes nos definan.
Las personas continuamente estamos intentando dar una imagen idealizada de nosotros mismos, una imagen que creemos es la mejor, por lo tanto recurrimos a las mentiras y los ardides para ofrecer una cierta imagen, que en ocasiones puede verse dañada por alguna filtración de información personal, pero cuando ocurre esto, pasa también a veces que la audiencia, los que interactúan con nosotros, tenían ya aprehendida esa imagen idealizada y de alguna manera hacen caso omiso a esa filtración que en un principio podría destruir nuestro self, por ejemplo si alguien famoso consume drogas o tiene algún vicio como el alcohol o el juego, buscamos excusas para no destruir su imagen.
Por otra parte, Goffman toma como unidad mínima de análisis el equipo, que puede ser un grupo de personas o una sola persona interactuando consigo misma imaginando que interactúa con otros (como De Niro en Taxi Driver delante del espejo). Además siempre intentamos controlar la situación para que no haya interrupciones o tengan lugar acontecimientos que destruyan el self o perjudiquen el curso natural de la interacción, Goffman llamaba a estos mecanismos de control, manipulación de las impresiones. Dichos mecanismos son: lealtad dramatúrgica, el equipo está unido y colabora para que los actores no se identifiquen con la audiencia ni ésta conozca demasiado a los actores; autocontrol de nuestros actos para que vayan en consonancia con nuestra exposición; y en tercer lugar, tener más o menos planificada la actuación de antemano, para que nada se nos escape. Pero este intento de mantener el equilibrio de la interacción no interesa sólo al actor, sino a la audiencia también, ¿quién desea verse inmerso en una situación embarazosa con más gente? Siempre procuramos (como audiencia) mantener la coherencia de la interacción, y para ello podemos llegar a ser condescendientes, mentirosos, pasar por alto errores del otro, etc.
Y del mismo modo que todos y cada uno de nosotros desempeñamos un rol particular, igualmente desempeñamos diferentes roles a lo largo de la vida, pero según Goffman no llegamos a imbricarnos demasiado en ninguno en concreto, sino que vamos interpretando aquí y allá, él llama a esto, distancia de rol, y esto no es más que la proximidad o alejamiento del individuo con respecto al rol que desempeña, de hecho, aquellas personas que ostenten un estatus alto tenderán a relajarse en su rol o a manifestar control, despreocupación o tranquilidad; mientras que aquellas personas con estatus bajos, pretenderán dar la impresión de indiferencia o de superioridad.
También diferencia entre identidad social virtual (lo que una persona debería ser) identidad social real (lo que una persona es), y todo aquel que observa una gran distancia entre estas dos identidades, está estigmatizado. Se identifican dos tipos de estigmas, el desacreditado y el desacreditable, el primero es aquel en que las diferencias entre las dos identidades son reconocibles por los demás, como un manco; el segundo es aquel en que las diferencias no son reconocibles, por ejemplo si alguien ha llevado a cabo algún acto en secreto, como robar. Mientras unos sufren por la continua presión de la evidencia de su problema, otros lo hacen por la continua presión de intentar que el problema siga oculto. De todas formas Goffman piensa que al final todos estamos estigmatizados, todos tenemos algo en la mente que nos perturba, ya por que sea conocido o porque deseamos que no lo sea, siempre sufrimos algún tipo de presión que repercute en nuestro comportamiento, en nuestro self, que al fin y al cabo es la exteriorización de actos previa recapacitación, por tantos motivos como hemos visto hasta ahora.
Según apunta Manning en su análisis de la obra de Goffman, se dan cuatro principios de la interacción que la constriñen:
1.      Los que interactúan deben siempre saber cómo comportarse en función de la situación.
2.      Deben saber expresar las emociones y acciones adecuadas en cada situación.
3.      Hay que mostrar cierto grado de desatención cortés, o lo que es lo mismo, mantener las distancias sobre todo con aquellas personas que no tenemos mucha confianza o acabamos de conocer. No podemos pretender conocer detalles íntimos de su vida que sin embargo no son ningún secreto para sus amigos.
4.      Todos los que participan en una interacción deben estar dispuestos a interactuar, es decir, no se puede uno cerrar en banda, porque si no se acaba la interacción.

Si bien Goffman era interaccionista simbólico, tenía una particular visión de las estructuras, y es que él pensaba que nos encontramos a medio camino entre un interaccionismo y un funcionalismo moderados, es decir, las personas definimos la realidad según las acciones que observamos de los demás, pero es que esas definiciones no son creadas de la nada por quien las usa, sino que son escogidas de donde ya existían, de las definiciones que otros han dado ya, y si bien es cierto que disponemos de todo un abanico de posibilidades, incluso para un mismo objeto, siempre nos moveremos dentro de ese campo de posibilidades.

Por último enumeraré las críticas que se le hacen al interaccionismo simbólico:
1.      Rechazo rotundo del cientificismo metodológico, es decir, se centran demasiado en lo cualitativo y relegan lo cuantitativo a un término bastante secundario, arguyendo que los contenidos de la conciencia son precisamente cualitativos.
2.      Imprecisión y ambigüedad de muchos de los conceptos de la teoría interaccionista, como por ejemplo la mente o el self de Mead.
3.      Completa o casi completa ignorancia de las estructuras, dando prioridad a las interacciones humanas a nivel micro, cuando es evidente que existen esas estructuras y que de una u otra manera afectan a dichas interacciones.
4.      Y por último, se le critica ignorar por completo ciertos factores que provocan acciones y que no son símbolos u otras acciones, es decir, algo externo, nos estamos refiriendo pues a procesos psicológicos.

Como conclusión y aportación personal, me gustaría destacar que lo poco que he leído acerca de la obra de Goffman (lo que viene en el manual de Ritzer) me ha parecido bastante interesante, quizás más adelante cuando lea otros autores reconsidere mi postura. Me ha gustado mucho la parte de la representación, la dramaturgia, pienso que hay mucha verdad ahí, y lo vemos cada día si tenemos cierto don para “calar” a la gente pienso que Goffman tenía bastante razón cuando comparaba la vida con un teatro, ninguno somos cien por cien francos en muchos momentos de nuestra vida cotidiana, pero también comparto estas cuatro críticas que se le hace a la teoría interaccionista, en primer lugar, porque desde que estudio sociología, nunca me ha gustado esa visión de muchos autores de intentar dar una explicación sobre el funcionamiento de la sociedad desde una única perspectiva (funcionalista, interaccionista, marxista, elitista, etc.), pienso que son muchos los factores que existen y que influyen en el continuo e imparable proceso social que es la vida, opino que todas estos paradigmas tienen su parte de razón y todos ellos se complementan; la cuestión metodológica es algo con lo que aún no estoy demasiado familiarizado, pero aún así voy a aventurarme a dar mi opinión, quizás un poco Weberiana, pienso pues que es muy importante el método cualitativo, pues el hombre es eso, cualidades, lo computable sólo computa las cualidades, las ordena, agrupa y nos dice bastantes cosas, pero el por qué de esas cosas, es decir, la esencia del funcionamiento social, no nos lo dicen las estadísticas, ahí está el arte del sociólogo, en saber interpretar ese por qué.

Ritzer, George (2002) Teoría sociológica moderna. Madrid. McGraw-Hill/Interamericana de España

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